Ya no te escucho.
Ya no te quiero. Ya no me pidas que te despida del cielo.
Porque todo lo que has pedido en tu vida te lo he dado
a cambio del cansancio y un llanto semejante al mar.
Salado y profundo.
Que no te oigo.
Que preferí perder mis oidos para no saberte mas.
Yo no fuí tu hijo.
Tú, fuiste mi aprendiz.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario